Los números del reloj seguían cambiando; no hacía ruido,
pero era como si él pudiera oír el invisible tic tac. Faltaban cinco minutos.
Tomó el control de la habitación que se encontraba en el
buró junto a la cama, y marcó el número de recepción. A los diez segundos
apareció una bandeja con una botella de champagne, adornada con una flor
amarilla dispuesta junto a dos copas triangulares. Un minuto. Tragó saliva.
Cerró fuertemente los ojos, arrepentido y a la vez ansioso
por lo que habría de ocurrir. Los grandes números digitales anunciaron la hora,
y una metálica voz anunció que su cita había arribado a su habitación.
Abrió los ojos y pudo ver un pequeño androide de servicio, acompañado
de una joven mujer. Ésta le sonrió de manera avergonzada, formándole unos
adorables hoyuelos en sus sonrosadas mejillas.
Abrió la boca sin pensarlo. La chica era aún más parecida a
ella de lo que había esperado. Llevaba un vestido corto color esmeralda,
descubierto de la espalda, que contrastaba con su pálida y nívea piel. Su nariz
era fina, al igual que su mentón. Llevaba el cabello recogido en rizos rojo
frambuesa, con un mechón que caía libre sobre su rostro. El androide se retiró
sigilosamente, dejándolos solos.
La joven se acercó caminando, balanceándose en sus altos
tacones de aguja, y se detuvo frente a él. Comenzó a desvestirse, pero él la
detuvo. Desconcertada, él la miró.
¾ Quisiera saber tu nombre.
¾ No poseo nombre.
¾ Quiero que tengas un nombre. Espera, lo siento, no quise
sonar agresivo. A lo que me refiero es que quisiera poder llamarte por algún
nombre.
¾ Yo soy WMN-ALX.731190.5261; fui creada por Womandroids Corp.
bajo el pedido de Ezrael Alexander Brooks, con las especificaciones siguientes:
1.60 metros de altura, piernas largas, busto…
¾ Sí, lo sé. Sé las especificaciones.
¾ ¿Es usted mi creador?
¾ No. Bueno, yo… Sí. Fui yo quien te ordenó.
¾ Señor Ezrael Alexander Brooks, ¿no ha quedado usted
satisfecho con su producto?
¾ ¡No! Quiero decir, sí. Perdona, es que estoy nervioso.
¾ ¿Gusta que le dé unos minutos?
¾ Por favor.
¾ De acuerdo, estaré afuera.
¾ No, por favor no salgas.
¾ De acuerdo, permaneceré aquí si usted lo desea.
Pasaron varios minutos contemplándose mutuamente. Ella lo
miraba fríamente, mientras que él la miraba con adoración y ternura.
Finalmente, ella rompió el silencio.
¾
Señor Brooks, ¿se da
cuenta de que le cargarán el tiempo extra por este encuentro?
¾
Sí, lo entiendo
perfectamente.
¾
¿Quiere que comencemos
de una vez?
¾
Tengo… tengo miedo.
¾
¿De qué tiene usted
miedo?
¾
De que no se sienta
real.
¾
Oh, le puedo afirmar que no
hay ningún cambio en la experiencia. Mis creadores se aseguraron de eso.
¾
De acuerdo. ¿No puedes
decirme tu nombre…?
¾
Yo sólo soy un androide
de compañía, señor Brooks. Los androides no somos personas, y por ende, no
tenemos nombre. Pero puede llamarme como a usted le plazca.
¾
Quiero que tú escojas tu
nombre.
¾
Es usted un cliente
especial, señor Brooks. Usualmente el único miedo que los clientes tienen es el
de dañarse los genitales.
¾
¿Cómo sabes tú eso, si
fuiste fabricada bajo encargo?
¾
Estoy programada con una
base de datos para ser capaz de resolver cualquier problema o situación que se
presente.
¾
Oh, ya veo.
¾
¿Señor Brooks?
¾
Dime.
¾
Puede llamarme Scarlett.
Ambos
estaban tendidos sobre la cama, cubiertos por las sábanas. El reloj digital
marcaba ceros, el tiempo se había agotado. Scarlett se levantó de la cama y
comenzó a vestirse. Al abrir la puerta, se miraron y él dijo “Lilly, no te
vayas.”
Scarlett salió y antes de cerrar
volteó hacia Ezrael y murmuró para sus adentros…
Desearía ser Lilly.
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