jueves, 4 de septiembre de 2014

Lirios para Scarlett

Sus palmas sudaban nerviosamente, las frotaba una y otra vez contra la tela de sus pantalones vaqueros. Movía la cabeza en todas direcciones, posando su vista pocos segundos en los distintos elementos del cuarto. La habitación era minimalista y moderna, como todo el casino. La cama era amplia, con sábanas lisas color plateado y una gran cabecera de acero inoxidable. Los adornos de la habitación eran en distintos tonos de cromo, más o menos brillantes o pulidos; la pared oriente estaba reemplazada por un cristal que abarcaba toda su extensión, y a su lado caían unas cortinas traslúcidas.
Los números del reloj seguían cambiando; no hacía ruido, pero era como si él pudiera oír el invisible tic tac. Faltaban cinco minutos.
Tomó el control de la habitación que se encontraba en el buró junto a la cama, y marcó el número de recepción. A los diez segundos apareció una bandeja con una botella de champagne, adornada con una flor amarilla dispuesta junto a dos copas triangulares. Un minuto. Tragó saliva.
Cerró fuertemente los ojos, arrepentido y a la vez ansioso por lo que habría de ocurrir. Los grandes números digitales anunciaron la hora, y una metálica voz anunció que su cita había arribado a su habitación.
Abrió los ojos y pudo ver un pequeño androide de servicio, acompañado de una joven mujer. Ésta le sonrió de manera avergonzada, formándole unos adorables hoyuelos en sus sonrosadas mejillas.
Abrió la boca sin pensarlo. La chica era aún más parecida a ella de lo que había esperado. Llevaba un vestido corto color esmeralda, descubierto de la espalda, que contrastaba con su pálida y nívea piel. Su nariz era fina, al igual que su mentón. Llevaba el cabello recogido en rizos rojo frambuesa, con un mechón que caía libre sobre su rostro. El androide se retiró sigilosamente, dejándolos solos.
La joven se acercó caminando, balanceándose en sus altos tacones de aguja, y se detuvo frente a él. Comenzó a desvestirse, pero él la detuvo. Desconcertada, él la miró.
                  ¾    Quisiera saber tu nombre. 
                  ¾    No poseo nombre.
                  ¾    Quiero que tengas un nombre. Espera, lo siento, no quise sonar agresivo. A lo que me refiero es que quisiera poder llamarte por algún nombre.
                  ¾    Yo soy WMN-ALX.731190.5261; fui creada por Womandroids Corp. bajo el pedido de Ezrael Alexander Brooks, con las especificaciones siguientes: 1.60 metros de altura, piernas largas, busto…
                  ¾    Sí, lo sé. Sé las especificaciones.
                  ¾    ¿Es usted mi creador?
                  ¾    No. Bueno, yo… Sí. Fui yo quien te ordenó.
                  ¾    Señor Ezrael Alexander Brooks, ¿no ha quedado usted satisfecho con su producto?
                  ¾    ¡No! Quiero decir, sí. Perdona, es que estoy nervioso.
                  ¾    ¿Gusta que le dé unos minutos?
                  ¾    Por favor.
                  ¾    De acuerdo, estaré afuera.
                  ¾    No, por favor no salgas.
                  ¾    De acuerdo, permaneceré aquí si usted lo desea.
Pasaron varios minutos contemplándose mutuamente. Ella lo miraba fríamente, mientras que él la miraba con adoración y ternura. Finalmente, ella rompió el silencio.
¾    Señor Brooks, ¿se da cuenta de que le cargarán el tiempo extra por este encuentro?
¾    Sí, lo entiendo perfectamente.
¾    ¿Quiere que comencemos de una vez?
¾    Tengo… tengo miedo.
¾    ¿De qué tiene usted miedo?
¾    De que no se sienta real.
¾    Oh, le puedo afirmar que no hay ningún cambio en la experiencia. Mis creadores se aseguraron de eso.
¾    De acuerdo. ¿No puedes decirme tu nombre…?
¾    Yo sólo soy un androide de compañía, señor Brooks. Los androides no somos personas, y por ende, no tenemos nombre. Pero puede llamarme como a usted le plazca.
¾    Quiero que tú escojas tu nombre.
¾    Es usted un cliente especial, señor Brooks. Usualmente el único miedo que los clientes tienen es el de dañarse los genitales.
¾    ¿Cómo sabes tú eso, si fuiste fabricada bajo encargo?
¾    Estoy programada con una base de datos para ser capaz de resolver cualquier problema o situación que se presente.
¾    Oh, ya veo.
¾    ¿Señor Brooks?
¾    Dime.
¾    Puede llamarme Scarlett.
Ambos estaban tendidos sobre la cama, cubiertos por las sábanas. El reloj digital marcaba ceros, el tiempo se había agotado. Scarlett se levantó de la cama y comenzó a vestirse. Al abrir la puerta, se miraron y él dijo “Lilly, no te vayas.”
            Scarlett salió y antes de cerrar volteó hacia Ezrael y murmuró para sus adentros…
Desearía ser Lilly.

No hay comentarios:

Publicar un comentario