lunes, 15 de septiembre de 2014

20%

Todo pasó tan rápido. Sentí la breve vibración en el bolsillo de mi pantalón, como si un trueno estremeciera momentáneamente la tierra que acababa de azotar con fiereza. Saque mi celular como cualquier persona normal, completamente ignorante de lo que le depara el cruel destino. Una vez que posé mis ojos sobre las crueles y aterradoras palabras que estaban escritas, no pude alejar de mi mente el horror que estas me infundieron.
“20% de batería restante”
Al leer esta frase tan horrenda, mi corazón comenzó a latir rápidamente, mis hombros me pesaron y tuve que contener las lágrimas de frustración que amenazaban con brotar indiscriminadamente de mis ojos. No podía creer que mi suerte fuera tan terrible, era casi como si Loki mismo se hubiera juntado con Eris en una amistad caótica y llena de locura solo para arruinarme el día. Gotas de sudor frío corrían cuales rios por mi frente mientras imaginaba la situación que podía divisar en el horizonte no tan lejano. En cualquier momento, mi celular lanzaría sus últimos pitidos y se despediría de este mundo despiadado para finalmente poder descansar, dejándome a mí incomunicado, a la merced de los elementos salvajemente urbanos a mi alrededor.
Pensé que quizás este problema tenía remedio. Aún no estaba todo perdido. Quizás si lograba encontrar algún lugar en donde pudiera conectarlo, mi vida no terminaria de esta dantescamente catastrófica manera. Mi preocupación solo creció cuando recordé que, esta misma mañana, había olvidado sobre mi cama el cargador, habiendolo yo puesto ahí para recordar tomarlo. Todo porque salí presuroso de mi casa para evitar llegar tarde al trabajo. ¡Oh, la ironía! ¿Cómo es que una acción destinada a facilitarme la salida de mi hogar fue la que finalmente escribió mi presente dilema con tinta indeleble?
Intenté despertar de esta inquietante pesadilla, pues no podía aceptar que en el mundo se diera una serie tan despiadada de eventos como la que se me presentaba. Traté también de rezarle a todos los dioses cuyos nombres pasaban por mi cabeza, rogándoles que terminaran con esta broma atroz y se apiadaran de mi como lo haría un activista ecológico con un pequeño e inocente conejo en sufrimiento.
Al no ver ninguna señal de que mi situación fuese a cambiar, tuve que resignarme y aceptar lo que me deparaba. Me quedaría sin mi celular, sin mi fuente de información y seguridad, pero al menos debía aplazarlo lo más que se pudiera. Regresé mi telefono a su guarida en la calma de mi bolsillo y seguí caminando, con la frente en alto y la mirada decidida.

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