jueves, 18 de septiembre de 2014

Iztli

Mi dulce y pequeña niña de maíz
con tus grandes ojitos de obsidiana,
vuelas cual mariposa michoacana,
te vas volando de vuelta a tu raíz

Tierna cervatilla de grácil nariz,
en tus bailes de inocente gitana
¿qué haré yo sin tu risa en la mañana,
quién me salvará de ser tan infeliz?

Te lloran los quetzales y los ríos;
brumosos son tus selvas y tus mares,
aquellos que resguardan tu albedrío

Pues tus alas no conocen hogares,
eres libre cual perdido navío,
eres sangre viva de mis altares

lunes, 15 de septiembre de 2014

20%

Todo pasó tan rápido. Sentí la breve vibración en el bolsillo de mi pantalón, como si un trueno estremeciera momentáneamente la tierra que acababa de azotar con fiereza. Saque mi celular como cualquier persona normal, completamente ignorante de lo que le depara el cruel destino. Una vez que posé mis ojos sobre las crueles y aterradoras palabras que estaban escritas, no pude alejar de mi mente el horror que estas me infundieron.
“20% de batería restante”
Al leer esta frase tan horrenda, mi corazón comenzó a latir rápidamente, mis hombros me pesaron y tuve que contener las lágrimas de frustración que amenazaban con brotar indiscriminadamente de mis ojos. No podía creer que mi suerte fuera tan terrible, era casi como si Loki mismo se hubiera juntado con Eris en una amistad caótica y llena de locura solo para arruinarme el día. Gotas de sudor frío corrían cuales rios por mi frente mientras imaginaba la situación que podía divisar en el horizonte no tan lejano. En cualquier momento, mi celular lanzaría sus últimos pitidos y se despediría de este mundo despiadado para finalmente poder descansar, dejándome a mí incomunicado, a la merced de los elementos salvajemente urbanos a mi alrededor.
Pensé que quizás este problema tenía remedio. Aún no estaba todo perdido. Quizás si lograba encontrar algún lugar en donde pudiera conectarlo, mi vida no terminaria de esta dantescamente catastrófica manera. Mi preocupación solo creció cuando recordé que, esta misma mañana, había olvidado sobre mi cama el cargador, habiendolo yo puesto ahí para recordar tomarlo. Todo porque salí presuroso de mi casa para evitar llegar tarde al trabajo. ¡Oh, la ironía! ¿Cómo es que una acción destinada a facilitarme la salida de mi hogar fue la que finalmente escribió mi presente dilema con tinta indeleble?
Intenté despertar de esta inquietante pesadilla, pues no podía aceptar que en el mundo se diera una serie tan despiadada de eventos como la que se me presentaba. Traté también de rezarle a todos los dioses cuyos nombres pasaban por mi cabeza, rogándoles que terminaran con esta broma atroz y se apiadaran de mi como lo haría un activista ecológico con un pequeño e inocente conejo en sufrimiento.
Al no ver ninguna señal de que mi situación fuese a cambiar, tuve que resignarme y aceptar lo que me deparaba. Me quedaría sin mi celular, sin mi fuente de información y seguridad, pero al menos debía aplazarlo lo más que se pudiera. Regresé mi telefono a su guarida en la calma de mi bolsillo y seguí caminando, con la frente en alto y la mirada decidida.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Lirios para Scarlett

Sus palmas sudaban nerviosamente, las frotaba una y otra vez contra la tela de sus pantalones vaqueros. Movía la cabeza en todas direcciones, posando su vista pocos segundos en los distintos elementos del cuarto. La habitación era minimalista y moderna, como todo el casino. La cama era amplia, con sábanas lisas color plateado y una gran cabecera de acero inoxidable. Los adornos de la habitación eran en distintos tonos de cromo, más o menos brillantes o pulidos; la pared oriente estaba reemplazada por un cristal que abarcaba toda su extensión, y a su lado caían unas cortinas traslúcidas.
Los números del reloj seguían cambiando; no hacía ruido, pero era como si él pudiera oír el invisible tic tac. Faltaban cinco minutos.
Tomó el control de la habitación que se encontraba en el buró junto a la cama, y marcó el número de recepción. A los diez segundos apareció una bandeja con una botella de champagne, adornada con una flor amarilla dispuesta junto a dos copas triangulares. Un minuto. Tragó saliva.
Cerró fuertemente los ojos, arrepentido y a la vez ansioso por lo que habría de ocurrir. Los grandes números digitales anunciaron la hora, y una metálica voz anunció que su cita había arribado a su habitación.
Abrió los ojos y pudo ver un pequeño androide de servicio, acompañado de una joven mujer. Ésta le sonrió de manera avergonzada, formándole unos adorables hoyuelos en sus sonrosadas mejillas.
Abrió la boca sin pensarlo. La chica era aún más parecida a ella de lo que había esperado. Llevaba un vestido corto color esmeralda, descubierto de la espalda, que contrastaba con su pálida y nívea piel. Su nariz era fina, al igual que su mentón. Llevaba el cabello recogido en rizos rojo frambuesa, con un mechón que caía libre sobre su rostro. El androide se retiró sigilosamente, dejándolos solos.
La joven se acercó caminando, balanceándose en sus altos tacones de aguja, y se detuvo frente a él. Comenzó a desvestirse, pero él la detuvo. Desconcertada, él la miró.
                  ¾    Quisiera saber tu nombre. 
                  ¾    No poseo nombre.
                  ¾    Quiero que tengas un nombre. Espera, lo siento, no quise sonar agresivo. A lo que me refiero es que quisiera poder llamarte por algún nombre.
                  ¾    Yo soy WMN-ALX.731190.5261; fui creada por Womandroids Corp. bajo el pedido de Ezrael Alexander Brooks, con las especificaciones siguientes: 1.60 metros de altura, piernas largas, busto…
                  ¾    Sí, lo sé. Sé las especificaciones.
                  ¾    ¿Es usted mi creador?
                  ¾    No. Bueno, yo… Sí. Fui yo quien te ordenó.
                  ¾    Señor Ezrael Alexander Brooks, ¿no ha quedado usted satisfecho con su producto?
                  ¾    ¡No! Quiero decir, sí. Perdona, es que estoy nervioso.
                  ¾    ¿Gusta que le dé unos minutos?
                  ¾    Por favor.
                  ¾    De acuerdo, estaré afuera.
                  ¾    No, por favor no salgas.
                  ¾    De acuerdo, permaneceré aquí si usted lo desea.
Pasaron varios minutos contemplándose mutuamente. Ella lo miraba fríamente, mientras que él la miraba con adoración y ternura. Finalmente, ella rompió el silencio.
¾    Señor Brooks, ¿se da cuenta de que le cargarán el tiempo extra por este encuentro?
¾    Sí, lo entiendo perfectamente.
¾    ¿Quiere que comencemos de una vez?
¾    Tengo… tengo miedo.
¾    ¿De qué tiene usted miedo?
¾    De que no se sienta real.
¾    Oh, le puedo afirmar que no hay ningún cambio en la experiencia. Mis creadores se aseguraron de eso.
¾    De acuerdo. ¿No puedes decirme tu nombre…?
¾    Yo sólo soy un androide de compañía, señor Brooks. Los androides no somos personas, y por ende, no tenemos nombre. Pero puede llamarme como a usted le plazca.
¾    Quiero que tú escojas tu nombre.
¾    Es usted un cliente especial, señor Brooks. Usualmente el único miedo que los clientes tienen es el de dañarse los genitales.
¾    ¿Cómo sabes tú eso, si fuiste fabricada bajo encargo?
¾    Estoy programada con una base de datos para ser capaz de resolver cualquier problema o situación que se presente.
¾    Oh, ya veo.
¾    ¿Señor Brooks?
¾    Dime.
¾    Puede llamarme Scarlett.
Ambos estaban tendidos sobre la cama, cubiertos por las sábanas. El reloj digital marcaba ceros, el tiempo se había agotado. Scarlett se levantó de la cama y comenzó a vestirse. Al abrir la puerta, se miraron y él dijo “Lilly, no te vayas.”
            Scarlett salió y antes de cerrar volteó hacia Ezrael y murmuró para sus adentros…
Desearía ser Lilly.

El Genio del Casino

Después de varios años, lo encontré. Era la solución a mi problema y por fin estaba frente a mí. “El Genio del Casino” lo llamaban. Esos cuentos acerca de los seres que se hacen llamar genios, los cuales supuestamente cumplen tres deseos si frotas alguna clase de tetera amarilla son solo eso, cuentos. La vida no es tan fácil realmente, para poder ganar algo, tienes que arriesgarte a perder algo. Tienes que apostar.
-Yo soy el Genio del Casino.- dijo él, -Te concederé un deseo, el que sea, solo que tienes que apostar algo. Algo que realmente represente un sacrificio.
-¿Apostar en qué? ¿Que jugaremos?- le pregunté yo. No iba a apostar nada hasta saber que tan probable era que yo ganara.
-Eso tú lo decidirás. Puede ser cualquier juego. Desde los clásicos juegos de cartas, hasta una partida en League of Legends.-
-Entonces quiero jugar a adivinar comida por el olor.- le dije yo. Ya había previsto esta situación y me había preparado para poder distinguir el olor de cualquier comida.
El Genio se quedó pensando por unos momento. Yo estaba nervioso porque creía que habría alguna regla en contra de eso. Empezaba a sudar y mis manos me temblaban, hasta que finalmente habló.
-Ese juego no lo conozco. ¿Estás seguro de que existe?-
-Si, si. Estoy bastante seguro. Se juega en ferias o en… En programas de televisión- respondí rápidamente. Intenté identificar alguna reacción por parte del Genio, pero no mostraba ninguna clase de opinión al respecto.
-Está bien ¿Cúal es tu apuesta?- me preguntó.
-Mis genitales. Si pierdo, puedes quitarmelos.- Era una apuesta arriesgada, más mi deseo valdría el riesgo. Además no había manera de perder, yo estaba seguro de eso.
El Genio cerró los ojos un momento y entonces dejé de ver. Estaba en una oscuridad total. Intenté moverme pero no podía, sin embargo sabía que seguía en el mismo lugar que antes, solo que no podía ver nada.
-Tienes 15 segundos para adivinar,- escuché decir al Genio -solo puedes adivinar una vez y serán tres comidas las que olerás. Falla una vez o deja que el tiempo termine y pierdes. Empieza.-
Recibí un olor bastante común y agradable. Pan recién horneado mezclado con tomate. también pude distinguir algún tipo de carne… Peperoni.
-¡Pizza! ¡Esta es una pizza de peperoni!.- exclamé.
-Muy bien, faltan dos más.- dijo el Genio.
En ese momento el olor cambió. Esta vez era un aroma más puro y por el calor húmedo que rozaba mi nariz supe que era algo cocido. Tardé diez segundos pensando en todas los platillos simples cocidos que conocía, sin especias ni sabor fuerte.
-¡Arroz! ¡Arroz blanco! ¡Eso es lo que estoy oliendo!- grité, emocionado.
-Correcto, ahora solo falta el último platillo y, si aciertas, te concederé tu deseo- declaró el Genio en la misma voz monótona.
Entonces el platillo frente a mí cambió, lo supe por el olor que me llegó. Esta vez pude distinguir pan tostado, el ligero olor a quemado de una rebanada de pan. Estaba a punto de gritar eso, pero fracciones de segundo antes de abrir la boca, me dí cuenta que había un segundo olor. Era lo que estaba sobre el pan, un aroma ligero pero dulce. Conocía ese aroma… Era algún tipo de mermelada, pero la fruta de la que estaba hecha…
-¡Pan con mermelada de frambuesa!- grité con todas mis fuerzas.
¡Lo había logrado! No necesitaba que el Genio me lo dijera. Por fin podía resolver mis problemas.
-Incorrecto. Es pan con jalea de frambuesa.- dijo el Genio y escuche que chasqueó los dedos.
En ese momento, el bulto en mis pantalones desapareció.