Mi dulce y pequeña niña de maíz
con tus grandes ojitos de obsidiana,
vuelas cual mariposa michoacana,
te vas volando de vuelta a tu raíz
Tierna cervatilla de grácil nariz,
en tus bailes de inocente gitana
¿qué haré yo sin tu risa en la mañana,
quién me salvará de ser tan infeliz?
Te lloran los quetzales y los ríos;
brumosos son tus selvas y tus mares,
aquellos que resguardan tu albedrío
Pues tus alas no conocen hogares,
eres libre cual perdido navío,
eres sangre viva de mis altares
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